jueves, 6 de junio de 2013

Fran Kapilla y “Las hijas de Danao”: a pocos pasos de desvelar el desenlace de un sueño


“Las hijas de Danao”, del director valenciano Fran Kapilla, produce expectación y admiración en una ciudad seducida por el arte y sus oportunidades culturales. 
Era un viernes lluvioso en la ciudad de Málaga. Parecía como si el invierno tomara impulso para descargar su furia acercándose el final de la semana.
La invitación era ineludible aquel día, y no sólo por la calidad del evento, que resultaba  absolutamente relevante, sino porque la curiosidad, sencillamente, me estaba consumiendo.
Detuvimos el coche en la puerta del enorme Conservatorio de Música del distrito de Ciudad Jardín, uno de los diez distritos en los que se divide la ciudad, delimitado por el distrito centro,  el río Guadalmedina y los Montes de Málaga.
En la puerta del hermoso salón de actos nos esperaba Frank. Rodaba las últimas escenas de la que será su primera película: “Las hijas de Danao”.
He amado el cine durante toda mi vida y disfruto tanto del blanco y negro de un Hollywood musical hasta del cine moderno, al que la elocuencia de  la actualidad  no deja de brindarle una temática de interés emocional, inmediatamente absorbida como la leche en una galleta.
Ha habido épocas en las que mi mayor sueño era ponerme delante de una cámara, emulando a tantas estrellas con las que he crecido y con las que tanto me he emocionado a lo largo de los años, sin embargo, cuando la vida trueca tus ambiciones a veces lo hace de manera caprichosa, porque hoy prefiero estar detrás de las cámaras y escribir sobre ellas, o escribir para ellas, admirando no sólo el empeño de actores y actrices como Beatriz Rico, José Vallejo, Fran Millán o el encantador Paco Roma, cuya verborrea andaluza te absorbe en una abrazo de halagos y simpatía, transformado en un arte espontáneo y profesional delante de las cámaras, sino también el trabajo estudiado y logrado de personas como Fran Kapilla que luchan por sus sueños, resignan y avanzan, crean e intentan, producen y se arriesgan para luego compartir, con quienes saben apreciarlo, un camino de ideas llevadas al contexto de una fructífera y próspera vocación.
Fran Kapilla es director de cine y guionista, títulos que engalana con los de Técnico Superior en Imagen y Operador de equipos de televisión.
Sin embargo, a pesar de esa grandeza que le proporciona su preparación intelectual y su capacidad artística es una persona sencilla y esa apariencia deja traslucir, en el transcurso de los minutos en los que tratas con él, una personalidad entrañable, enmarcada en un rostro cordial y en una mirada profundamente cariñosa con la que intenta hacerte partícipe de sus actividades, con la generosidad de una ambición por compartir un trabajo que le enorgullece, rodeado de un equipo que lo contiene y lo escucha, lo asiste y se deja asistir por su dirección amena e inteligente.
“Las hijas de Danao” es un film de suspenso con una puesta en escena de estudiada excepción en la cual se han recreado ambientes operísticos de indiscutible trabajo y calidad que cuentan con una variedad muy lograda de destacadas actuaciones dentro del cine español.
La trama comienza a desenvolverse cuando una conocida soprano recibe una amenaza anónima durante los ensayos de una gran ópera.
De ahí en más, dos detectives muy particulares llevarán adelante la investigación e intentarán resolver el misterio envueltos en un mundo de intriga y personajes muy peculiares; contando con un vestuario de excepción que ha acertado en incluir a los diseñadores malagueños de Alta Costura Montesco y a sus inestimables aportaciones cargadas de glamour, junto a grandes calidades actorales.
Luego de deambular por calles francesas y malagueñas, llevando a cuestas a sus compañeros de producción, rodando escenas a lo largo de las necesidades de su imaginación, Fran aterrizó nuevamente en Málaga para el último rodaje de su ópera prima con un equipo de personas de adecuadas competencias, en el centro de Ciudad Jardín, un barrio que bendijo su llegada con la continuidad de un diluvio que se hacía sentir con repiqueteos musicales desde el interior del edificio.
El escenario del salón de actos del conservatorio acogía a decenas de jóvenes. Ataviados de negro y con una importante variedad de instrumentos musicales en sus manos, interpretaban acordes libres que se combinaban en un ambiente de entusiasmo ante la propuesta de Fran de simular una orquesta clásica.
El director, entonces, tomaba las riendas de su cámara y orientaba a sus actores a través de una historia que creó en su imaginación y que durante todo el año 2012 ha podido darle forma gracias a una larga y muy interesante carrera como cineasta que deja detrás varios cortometrajes filmados, multitud de guiones escritos y vídeos de corta duración que le han sabido granjearle numerosos premios y satisfacciones.

A escena

La escena comienza a rodarse. El silencio es general hasta que se deja interrumpir con voces de sopranos y tenores que endulzan el ambiente con los acordes de una música clásica de excepción.
Yo, de repente, me encontré en el rodaje más acertado que hubiera podido presenciar, con una ópera envolvente, elegante; más de cuarenta integrantes de una orquesta dejando sus ganas, con lo mejor de sus capacidades para realizar una estupenda figuración y uno de los pintores más extraordinarios de España en la dirección de aquella tan ambicionada orquesta.
Desde mi sitio de agradecida espectadora veía como Antonio Montiel dejaba flamear su batuta, bosquejando el aire tal y como suele hacer cuando ondea el pincel sobre el lienzo, acompañándola con sus brazos. Sus ojos se volcaban en las directrices de lo acordado, corroborando una colaboración de excepción para la película y cosechando el respeto de los pocos y privilegiados espectadores que lo observábamos, atento a las órdenes de Fran Kapilla.
De repente se acerca nuevamente Paco Roma y vuelve a prestarme atención mientras la escena no requiere de su competencia actoral. Durante unos minutos me guía sobre el escenario, me sumerge en los secretos del rodaje, me enseña las pautas de una película esperada y se saca fotos conmigo, imprimiéndole a la visita un carácter personal e inolvidable para esta escritora curiosa, favorecida por las diferencias encontradas.

Fran Kapilla

Es tan malo ser grande y creerte grande, como ser grande y creerte pequeño.
Fran Kapilla es uno de esos grandes creativos que Málaga acoge en su seno y que se encuentra, de repente, creciendo al compás de sus ideas e iniciativas. Los que estamos junto a él lo sabemos bien.
Es un artista que sabe que lo que más cuesta es lo que más se saborea, y va detrás de ello sin pausas, ni horarios, ni vacaciones.
Su figura paciente y meticulosa permanece atenta a lo que sucede en el escenario. Es la persona encargada de visualizar  toda una película a través de la pequeña pantalla de su cámara para que nosotros, más tarde, podamos disfrutarla en pantallas enormes, a lo largo del país.
Y ojalá que así sea y que un buen día no tengamos otro impulso más que el de compartir una excelente producción cinematográfica, con un pasado cimentado en el trabajo bien logrado y en las ilusiones cumplidas, como lo será “Las hijas de Danao”. Incluso que, en algún punto de nuestra vida podamos experimentar, como sin dudas lo hará Fran Kapilla, el orgullo de poder concretar nuestros sueños e ideales en el momento oportuno, rodeados de personas que sepan acompañarnos, respondiendo a nuestros requerimientos y a través de nuestros instintos más creativos, partiendo de una conocida palabra, de abultada trayectoria, llevada al terreno de los objetivos conseguidos que definirá, con pericia, nuestra más ambiciosa osadía: ACCIÓN.

                                                                 
 http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2013/03/16/nosotros/NOS-10.html




Tarde flamenca en el Museo Carmen Thyssen

La historia suele cautivarnos mucho más cuando la relatamos de una manera amena y atractiva y, sobretodo, cuando la contamos con la pasión de lo que nos gusta y de lo que sabemos hacer.


La periodista Lorena Codes, la bordadora artesana María José Sánchez Espinar y el diseñador de la firma Montesco, Mario Camino, nos guiaron en la tarde de ayer, y en un ambiente de sabida excelencia, a través un maravilloso mundo de mantones y mantillas, pintores y reinas, herencias generacionales y consabidas tradiciones a través de abiertas exposiciones con claras connotaciones de costumbres familiares.
La belleza de bordados de inigualable colorido y majestuosidad expuestos por las exquisitas manos de su diseñadora y bordadora, junto al talento indiscutible de Mario para embellecer una silueta femenina con una mantilla y la afabilidad de la exposición de Lorena, fueron determinantes para que el Museo Carmen Thyssen se convirtiera en un rincón privilegiado de la ciudad, con aroma a costumbres que permanecen intactas a través de los años, en el corazón de un pueblo amante de su historia.
Siempre es un privilegio responder a estas invitaciones porque me permiten compartir la riqueza de quienes me reciben cada día con tanto cariño y me hacen partícipe de sus costumbres más arraigadas y queridas. Compartirlas es la única manera de aprender y de descifrar mejor el espíritu de la ciudad, para seguir enamorándose de una tierra como Málaga, que resplandece con el brillo de su gente.
Así fue como esta argentina, al final de la exposición y tan lejos de sus tradiciones de origen, terminó, esa tarde, envuelta en el colorido bordado de un increíble mantón de manila.