viernes, 18 de abril de 2014

Un adiós corto para una larga ausencia (Acrílico: Peter Siegrist)


-Déjalo irse, mamá- me aconsejó mi hijo mientras yo volcaba todo mi dolor sobre el desayuno. Él siempre es muy objetivo y sé que su sugerencia es lógica, lo que me deja en una triste posición sin alternativas.
Tiene razón.
Dejaré que se vaya porque, en definitiva, recordarlo será fácil a través de cada uno de los maravillosos escritos que conservo sin excepción en mi biblioteca, como un premio al amor por las grandes prosas y una admiración sincera hacia los genios que consiguen perpetrar, mejor que nadie, lo que yo humildemente intento.
Pero, aún renegando de la mala suerte de perderlo, finalmente, no lo lloraré tanto y, en la veneración de las utopías que nos hacen libres, le impondré una condición: que, desde donde duerma su siesta de metáforas y líricas inigualables, en algunas de esas noches en las que me sorprende la madrugada intentando convertir palabras en  lazos atractivos, garabateando historias para mi familia y amigos, vuelva y se quede un momento, en ese silencio atestado de ideas que sabe a intervalos entre un párrafo y otro y que, abrigado por el halo de un talento que no muere, me siga enseñando y escriba para mí.




 "La vida no es sino una sucesión de oportunidades para sobrevivir" Gabriel García Márquez.

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