lunes, 8 de septiembre de 2014

Una pasarela para el talento en Málaga


El talento genera una responsabilidad en quien lo lleva: la de responder a él con autenticidad. Esa responsabilidad se convierte en una obligación personal a la hora de reflejar con orgullo, en el trabajo diario, las inquietudes a las cuales se sumen los artistas en pos de un resultado que enseñe quiénes son y marque una diferencia.
Hoy comienza una semana de importante trayectoria en Málaga cuya trascendencia, algunos, hemos llevado más allá de estas orillas mediterráneas.

  Es la semana de la moda, en la que organizadores y empresarios de la ciudad suman sus esfuerzos y creatividades y cuyos preparativos culminarán el viernes de la mano de los mejores diseñadores de la ciudad, engalanando calle Larios con trescientos metros de  pasarela y alta costura.

Sus comienzos se remontan meses atrás, con los primeros vestigios de imaginación volcados a crear nuevas colecciones, abocados desde entonces a una tarea que los ha tenido inmersos en un aislamiento de estrés productivo al que algunos de nosotros hemos sido invitados, de puntillas y sin hacer demasiado ruido, para compartir sus actividades creativas, sus dudas y entusiasmo por desarrollar una idea, proceso que siempre me genera un respeto tan entrañable que converge, invariablemente, en perdurable admiración.
Yo, desde mis letras, este tranquilo sitio que me pertenece por elección, compartiendo siempre lo que los diseñadores de alta costura de la ciudad de Málaga me permiten querer, les deseo que, a través de esas horas consagradas a exponer abiertamente sus inquietudes y talento reciban, el próximo viernes, la más significativa y esperada de las respuestas: un aplauso justo y extendido hacia un trabajo de meticuloso y prolongado estudio, tan exigente de tiempo y comprensiones, como un premio hacia un proyecto que muchos lo sabemos cargado de contratiempos y falto de siestas,
pero impregnado de capacidades increíbles y motivado por una vocación de audaces y convincentes demostraciones ceñidas a las particularidades de cada diseñador; respetando algunos parámetros estructurados pero con la insolencia de las originalidades de cada personalidad como un sello imperecedero y necesario del artista que marcará las diferencias que, elegantemente combinadas generarán, como tantas otras veces, un atractivo mayor que aquel que puedan producir las coincidencias de criterio.